que derraman mis ilusiones
o en el piso que se mancha.
Advierto que mi sinceridad
mata y corrompe,
asusta y tergiversa.
Ayer reía de sus tonterías,
ahora lloro su muerte.
No se si tenga sentido, ahora,
pisar las ojas otoñales
para escuchar el crujido contra el asfalto.
Tampoco sé si comer limón
sin tener a nadie a quien hacerle muecas de acidez.
Ya no creo que quiera volver a despertar.
lunes 16 de junio de 2008
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